Inquebrantable Y Sin Miedo | Jack Hibbs

12 min
Oct 1, 2025 9:00:00 AM

 

P: Su libro se titula Called to Take a Bold Stand (Llamados a tomar una postura firme). ¿Qué significa para los creyentes tomar una postura firme en la cultura actual y por qué ahora?
R: No hay duda de que, al leer la Biblia y considerar todo el consejo de Dios en la Escritura, a lo largo de toda la historia humana ha sido el plan de Dios que su pueblo se mantenga firme en las promesas de Dios y se conduzca con confianza y valentía al vivir una vida piadosa en este mundo. Durante demasiado tiempo, la Iglesia cristiana ha sufrido una mezcla de apatía, complacencia y cobardía. Es mi oración que este libro anime a los creyentes de hoy a ser valientes y a saber que el Dios que nos ha llamado es fiel y digno de confianza en todos los aspectos de la vida.

P: Vivimos en un tiempo donde la verdad suele ser silenciada o etiquetada como odio. ¿Cómo pueden los cristianos mantenerse firmes sin retroceder, y aun así caminar en amor y sabiduría?
R: Quizás una de las realidades más debilitantes del cristiano moderno es una doctrina autoimpuesta arraigada en el miedo: que debemos ser siempre amables en todo y tolerantes en todo. En realidad, aunque suene bien ser paciente o tolerante, la verdad del asunto es que eso no es cristiano. Debemos ser atractivos y amorosos, sin duda, pero nunca debemos comprometer la verdad de Dios, incluso frente a nuestro propio estrés emocional o convicciones. En todo momento debemos ser bíblicos. Si vamos a ser bíblicos, entonces seremos como Jesús dijo que seriamos… como Él mismo es. Debemos ser las personas más amorosas que el mundo haya visto, y al mismo tiempo, seremos los más odiados que el mundio haya visto. Jesús es nuestro paradigma en este tema. Nadie ha amado más ni mejor, ni mas sacrificialmente que Jesucristo. Sin embargo, cuando habló la verdad de Dios y se mantuvo firme y valiente en esa verdad, fue odiado inmediatamente por aquellos que odian la verdad. Jesús dejó claro que si lo seguimos, el mundo nos odiará como lo odió a Él. No debemos preocuparnos o alarmarnos por eso, porque no vivimos nuestras vidas para ganar la alabanza o la aprobación humana. Buscamos la aprobación de solo Uno, y ese es nuestro Dios.

P: ¿Qué les dice a los creyentes que se sienten abrumados, descalificados o con miedo de hablar acerca de su fe en espacios públicos o políticos?

R: Vas a tener que escoger un lado nuevamente. Jesús dejó esto muy claro. Jesús lo dijo muy claramente: “O estás conmigo o estás contra mí”. Debemos entender que tenemos un llamado divino a llevar la luz del Evangelio y la verdad de Dios al mundo que se oscurece a nuestro alrededor. El cristianismo fue diseñado por Dios para hacer precisamente esto: llevar la luz de Cristo a todas las áreas de la vida, desde las plataformas más grandes y visibles hasta las áreas más sutiles, sencillas y silenciosas de la vida. Nuestro testimonio debe ser consistente. No hay ámbito —sea político, corporativo o comunitario— donde el Evangelio no deba ser representado. De hecho, cuanto mayor es la influencia que se ejerce sobre las personas, mayor es la necesidad de que el cristianismo esté bien representado. Los cristianos deben dejar de ver su fe como algo que solo se usa los domingos, y comenzar a vivirla como una realidad 24/7, 365 días al año, una realidad momento a momento, que debe vivirse en todo tiempo y en todo lugar. No hay separación entre lo sagrado y lo secular cuando se trata de ser un seguidor de Cristo.

P: Usted ha sido claro respecto al papel de la Iglesia en moldear la cultura, no solo reaccionar a ella. ¿Qué responsabilidad tiene la Iglesia hoy en influir en nuestra nación?

R: He sido claro sobre el papel de la Iglesia en moldear la cultura, no porque sea mi opinión. De hecho, si siguiera mis sentimientos, preferiría evitar todo lo controversial o volátil, pero no puedo hacerlo. No tengo esa libertad ni esa autoridad para excusarme a mi mismo ni a nuestra iglesia de tal error. Es claro y evidente en la Escritura que somos responsables de llevar las preocupaciones de Dios y caminar en justicia, para que nuestra nación sea influenciada. La historia ha demostrado que donde los cristianos toman en serio su fe, también la llevan al espacio público, y al hacerlo, moldean la cultura formando el corazón y la mente de hombres y mujeres para considerar la cosmovisión bíblica. Nuestros padres fundadores, aunque no todos de la misma denominación, y algunos sin un entendimiento profundo de una denominación específica, estaban unidos en una cosa: los 56 firmantes de los documentos fundacionales de nuestra nación creían en Dios. Cada uno de ellos citó y/o escribió acerca de la influencia de la Biblia y de Jesucristo en la formación de nuestra República. Sus declaraciones se basaron en los peregrinos que los precedieron, cuya propia declaración se conoce como el Mayflower Compact, que recomiendo que todo estadounidense lea.

P: Usted habla de la importancia de tener una “columna vertebral espiritual”. ¿De dónde proviene ese valor?

R: A menudo me preguntan de dónde obtuve mi valor y mi capacidad para enfrentar lo que es impío. Algunos lo atribuyen a que nací y crecí en una familia del Cuerpo de Marines. Pero no es así. Otros podrían pensar que proviene de superar luchas personales. Tampoco es así. La respuesta para todos nosotros —no solo algunos, no solo pastores o líderes— sino para todos nosotros que llevamos el nombre de Cristo, es que podemos ser valientes porque Dios es nuestra fortaleza. El valor ha sido definido como manejar correctamente el miedo. Me gusta eso. Ser valiente no significa que no serás tentado por el miedo, ser valientes es someter el miedo a lo que sabes que es verdad. Cuando nos mantenemos firmes con valentía, lo hacemos sobre los fundamentos de Dios que valoramos. Si la Biblia es tu fundamento y la Palabra de Dios tu fuerza y poder, no tienes opción: debes ser valiente. No es el valor algo limitado a quien puede levantar 300 libras en pesas o presentar un argumento brillante ante la Corte Suprema. Es una fortaleza que nace de una convicción interna: que Dios está en su trono, que su Palabra es verdadera y que, durante el tiempo que tenemos aquí en la tierra, Dios nos ha dado una misión de representarlo en todas las áreas

P: Muchos cristianos sienten presión de guardar silencio en nombre de la paz. ¿Cómo discernir entre ser pacificador y ser pasivo?

R: La pasividad nunca logra nada. Ser pasivo es ser débil, perezoso y desconectado. Es, como dijo Jesús, sal que ha perdido su sabor y ya no sirve para nada. También podemos escondernos detrás de un lenguaje cristiano diciendo: “Dios me hizo pacificador, así que no me involucro”. Eso no solo e impreciso sino que es también una interpretación engañosa de una doctrina bíblica. Debemos ser pacificadores, no hay duda alguna, pero la Biblia también habla de tiempos de guerra. Hoy en Estados Unidos, el cristiano no tiene que ponerse físicamente un casco, tomar un arma ni vestirse con uniforme de camuflaje para unirse a las fuerzas armadas. Sin embargo, el cristiano se encuentra en un estado constante de guerra. Luchamos contra poderes espirituales invisibles. El apóstol Pablo nos recordó que es una guerra contra principados, contra potestades y contra fuerzas invisibles que buscan dominar este ámbito físico. Debemos entender quién es nuestro enemigo y cómo debemos pelear y resistirlo. La Biblia es clara en que el verdadero enemigo es Satanás y sus entidades espirituales, que buscan imponer su voluntad sobre la mente y el corazón del ser humano. En cierto sentido, esto me recuerda que, así como en la serie de libros El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien, realmente vivimos en una especie de “Tierra Media”. Desde arriba, el Dios del cielo nos llama no solo a conocerlo, sino a manifestar su Reino aquí en este mundo. Al mismo tiempo, desde abajo, el diablo busca cegar y engañar el corazón del ser humano, esperando llevar cautivos a todos aquellos por quienes Cristo murió. La guerra es real, y basta mirar a nuestro alrededor para ver que estamos en medio de ella. No debemos ser espectadores. No debemos comportarnos con ninguna forma de cobardía, sino buscar al Señor, preguntándole qué quiere que hagamos para unirnos en la lucha contra la maldad.

P: Usted ha señalado el aumento de la complacencia espiritual y el analfabetismo bíblico. ¿Cómo volvemos a una Iglesia que esté arraigada en la Escritura y sin temor de vivirla?

R: La respuesta está, en realidad, en la pregunta. ¿Cómo se conduce la Iglesia de manera que no sea complaciente? Estando arraigada y cimentada en las Escrituras. Y no hay ningún otro sustituto posible. Pablo le dijo a la iglesia en Roma que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. La fe es un arma poderosa, pero la fe solo puede desarrollarse y usarse si está basada en la Palabra de Dios. Tener fe en la fe es tener fe en una sombra o en un vapor, pero tener fe en la Palabra de Dios pone la Palabra de Dios en acción en nosotros. Demasiados cristianos se han conformado con una posición de espectadores, teniendo así una experiencia muy pobre de la autoridad y el poder de las Escrituras mismas. Pero en el momento en que nos ponemos a disposición de Dios para vivir la Palabra de Dios en el mundo que nos rodea, es entonces cuando podemos esperar que Dios se manifieste con poder. Es entonces cuando verás la obra milagrosa de Dios y serás testigo de cómo el Espíritu Santo usa la Palabra de Dios para exaltar al Señor Jesucristo. Esto no es algo por lo que se deba orar ni algo sobre lo que se deba reflexionar. Es algo que se debe obedecer.

P: ¿Cuáles son algunos eventos o tendencias actuales que usted cree que son indicadores claros de que estamos en una guerra espiritual, y cuál es el plan de batalla de la Iglesia?

R: Entender que estamos en una guerra no es ninguna revelación nueva para quienes leen sus Biblias y siguen a Jesucristo. Los acontecimientos actuales claramente anuncian que estamos en una batalla… y también indican que estamos en los últimos tiempos. Tome, por ejemplo, la lucha por el niño no nacido. Luchamos contra poderes políticos que buscan declarar que el aborto es un asunto político, no un asunto bíblico. La verdad es que sí es un asunto bíblico, y un mundo incrédulo busca etiquetarlo como político para decirles a los creyentes que no se involucren en el tema. Esto se repite una y otra vez.

Los acontecimientos actuales de nuestros días, sin embargo, son batallas espirituales, porque todos están relacionados con las Escrituras. Considere la definición de lo que es un hombre o una mujer. Eso es una batalla espiritual. Dios ha dejado claro qué es un hombre y qué es una mujer, y cuántos géneros hay. Dios no tiene dudas sobre esto; tampoco su Palabra. Considere la definición del matrimonio. Dios lo ha dejado claro. Pero, nuevamente, el mundo político ha buscado redefinir estas cosas. Considere los derechos de los padres. La Biblia es totalmente clara en este tema, pero los políticos dicen que el Estado sabe qué es mejor, no los padres. Este tipo de lógica y de conflicto se repite muchas veces a lo largo de cualquier día. Por eso debemos andar en el Espíritu y no en la carne, y debemos sostener delante de nosotros la Palabra de Dios, y no las suposiciones humanas.

P: ¿Cómo equipamos a la próxima generación para mantenerse firme en la verdad en una cultura cada vez más hostil?

R: Para aquellos de nosotros que tomamos la Biblia en serio y también el discipulado, es nuestra responsabilidad asegurarnos de que los jóvenes en nuestras vidas reciban ahora la antorcha de la verdad, mientras aún podemos ayudarles a sostenerla. En nuestra iglesia, por ejemplo, desde las edades más tempranas en el ministerio infantil, a nuestros niños se les enseñan los principios de la apologética bíblica. A los niños no se les enseñan “historias” bíblicas, sino realidades bíblicas. El relato de David y Goliat no es una historia; es un acontecimiento real registrado. El relato de la creación no es una historia; es un hecho científico real. Evitamos hablar de “historias” y enseñamos realidades para que entiendan que la Biblia no es un libro de pensamientos ilusorios, ni siquiera solo de principios morales, sino un libro de profundo poder espiritual, de verdad absoluta y de registro histórico de lo que ha sucedido. Es la guía perfecta sobre cómo debemos vivir. Es una ventana hacia el futuro de cómo todas las cosas concluirán. Hacemos grandes esfuerzos para comunicar a nuestros niños que Dios no solo es real, sino que puede ser experimentado, porque es un Dios vivo y cercano.

P: ¿Qué personaje bíblico inspira su valentía, y cómo puede su historia fortalecer nuestro valor hoy?

R: Principalmente, serían esos héroes de la Biblia, esos patriarcas de la fe, que pusieron en práctica lo que creían cuando Dios los llamó a tomar una postura firme. Elige cualquier ejemplo de la Biblia, y podrás extraer de estos hombres y mujeres enseñanzas profundas que haríamos bien en abrazar y llevar a oración hasta lo más profundo de nuestro ser.

Un ejemplo es Abraham, un gentil de Ur de los caldeos, a quien Dios llamó fuera del paganismo y convirtió en el padre principal no solo del pueblo judío y la nación de Israel, sino de todos los que ponen su fe en Yahvé y creen.

Pero quizá dos de mis favoritos de todos los tiempos, aparte de Jesucristo mismo, son Gedeón y Josué. Me encanta que Gedeón no era un hombre fuerte ni valiente. Era temeroso, tímido, y se escondía de los enemigos del pueblo de Dios hasta que Dios le habló, lo llamó a la batalla y lo capacitó. Si Dios hizo eso con Gedeón, lo hará conmigo, y sigue haciéndolo conmigo.

Josué es muy inspirador para mí porque fue un hombre que aprendió a seguir a su líder. Ese líder, por supuesto, era Moisés. Josué no tenía problema en ser segundo. Pero una y otra vez, en el libro de Josué, Dios lo llamó a ser fuerte y valiente, a no tener miedo. Eso me dice que Josué a lo mejor no era naturalmente fuerte o valiente; quizás era propenso al temor. Si Dios pudo fortalecer y animar a Josué, entonces puede hacerlo con cualquiera de nosotros.

P: ¿Cómo responde a quienes dicen que los cristianos deben mantenerse fuera de la política o de los temas culturales y solo predicar el Evangelio?

R: Si nosotros, como cristianos, solo predicamos el Evangelio, entonces necesitamos arrepentirnos de nuestro pecado. Predicar el Evangelio es un llamado a evangelizar a los perdidos, y todos estamos llamados a participar en ello. Pero esa misma crítica también revela lo que hace que la Iglesia sea débil, impotente e ineficaz. Hoy, la Iglesia ha fallado en hacer discípulos. El mismo Jesús dijo que fuéramos por todo el mundo y hiciéramos discípulos. No dijo: “Vayan por todo el mundo y evangelicen”, porque eso se da por hecho. Eso es lo que todo creyente hace: hablar a otros de Jesucristo. Pero después de que vienen a Cristo, ¿qué hacemos con ellos? Debemos discipularlos. Es decir, reproducir en ellos la naturaleza de Cristo por medio de la Palabra de Dios y animarlos a seguir nuestro ejemplo haciendo lo mismo.

La persona que dice que no debemos involucrarnos en la política está equivocada. Los asuntos bíblicos no están separados de los asuntos políticos. El límite de velocidad en tu ciudad es un asunto político. Pagar impuestos es un asunto político. En Estados Unidos, tenemos libertad legal para predicar el Evangelio y eso es un asunto político. No existe una “separación entre Iglesia y Estado” cuando se trata de temas bíblicos. Hay una gran superposición entre lo que está en la Biblia y lo que está en las leyes y documentos de nuestra nación.

En mi experiencia, aquellos que dicen seguir a Jesús pero se limitan solo a predicar el Evangelio son también los que no logran alumbrar el mundo a su alrededor con la verdad del Evangelio. Es un grave peligro recibir la luz y luego esconderla.

P: Si hay una verdad de este libro que usted cree que la Iglesia necesita escuchar y poner en práctica ahora mismo, ¿cuál es?

R: Es mi esperanza y oración que este libro promueva una comprensión saludable de que la Palabra de Dios está por encima de todas las cosas y que nosotros, como creyentes, debemos entrar en nuestro llamado legítimo de ser embajadores del reino de Dios. Lo que no espero ni enseño es que el cristiano, mediante su obediencia a la Palabra de Dios, vaya a establecer el reino de Dios. No creo que la política sea la gran solución. De hecho, se puede argumentar que cuanto más nos enfrentemos al mal en estos días oscuros, más costoso será para nosotros a medida que la oscuridad aumente a nuestro alrededor. Pero eso nunca debería ser una razón para no involucrarse.

Debemos involucrarnos sin importar el resultado, porque ya nos ha sido comunicado por el Señor mismo. La batalla le pertenece a Él, y la guerra ya ha sido decidida. Debemos hacer lo correcto, sin importar el resultado. No nos corresponde determinar ni cuestionar cuál es el plan correcto, sino simplemente obedecer la Palabra de Dios.

Así que, para concluir: debemos conocer el Evangelio. Debemos alimentarnos de la Palabra de Dios, entendiendo así lo que significa compartir el amor de Dios y al mismo tiempo mantenernos firmes contra las maldades de este mundo. Debemos ser una Iglesia que haga que una cultura sin Dios tiemble y se asombre de Dios, y que sepa que, si lo desobedecen, pagarán trágicamente el precio final.

El cristianismo hoy en Estados Unidos ya no es respetado ni temido. Se ha convertido en objeto de burla y en algo que se persigue y se descarta. Es mi esperanza y oración que, en este libro, Called to Take a Bold Stand (Llamados a tomar una postura firme), podamos ver un avivamiento dentro de la Iglesia que nos lleve a ser un pueblo santo y atractivo, tanto para Dios como para el mundo, al ver nuestro testimonio y desear conocerle.